Reflexión
Esperanza: pan del pobre en cualquier lugar...
Por Miguel Ángel Almeida
Piernas flacas, rodillas grandes, cabellos mal peinados, ropas gastadas… con pocas posibilidades de progresar y cambiar la condición social en la que habían nacido…
Cuando se es niño, no se dimensiona toda la realidad. Su mundo es lo que logra conocer. Los padres sufren más la condición del abandono y la pobreza; sienten desangrar su corazón cuando no hay para comer, no hay trabajo o hay que callar, siempre callar las burlas, injusticias o el voluntario olvido de los demás.
En ese entorno crecí. Nuestros padres −desplazados de la inclusión social− esperaban que, con su esfuerzo y negación, sus hijos llegaran a la posibilidad de ser ciudadanos más recocidos de lo que lo fueron ellos.
Éramos la esperanza de nuestros padres, que, tras la rudeza de su magra instrucción, se escondía la tímida sensación de que “ellos”, nosotros, −sus hijos− y el de los otros… podrían “ser o llegar a algo más”.
Esperaban… tenían esperanza. Creían. ¿Qué mas? El olvidado siempre espera. Piensa en otra cosa. Busca no ver lo suyo. No lamenta. No puede… porque si lo hace, no sirve de mucho, igual no puede luchar…
De esto ya hace mucho tiempo… pero parece que fue ayer…
Letras de fuego, canción de esperaza… paraje olvidado…
Sé lo que significa estar lejos de todo y de cualquier lugar.
Hombres gastados, mujeres encorvadas, hijos del tiempo, de la esperanza, de esperar y siempre esperar.
Chacras de otros… peones, chacreros o chacareros, según lo quieran llamar…
Pasó mucho tiempo… recuerdos que el tiempo fue borrando, fue gastando, se empalidecieron, casi no deseo recordar.
Pasaron días, meses y años. Pasaron otras cosas y pasaron más, pero algo de ensueño me atraía de aquel lugar…
¿Serán los recuerdos, la nostalgia, la revancha del tiempo?
¿Será que después de vencer los obstáculos quise comparar?
Es difícil entenderlo, pero quise volver.
Quise ver de nuevo el monte, el arroyo, las flores de campo, algún conocido o los abuelos que quedaron allá.
Veinte años después: ¿sería lo mismo...? ¿y el camino, el puente, mi escuela y el jardín de flores de mi mamá…?
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