Poesía
Carta de un desamor
Cada vez que suena una puerta, pienso que viene, cada timbre, cada ruido, me la trae…
Pero siempre viene lo mismo, después del ruido, viene el silencio, quizá hay mucho movimiento en este mundo, y no la logré escuchar, o talvés no me lograron escuchar,
Igual en aquel lugar, el relieve no era apto para las rodillas, había mucho calor, me jalaba la espalda el mismo fantasma orgulloso, sin embargo en mi intento desesperado por ser escuchado y entendido, no me importo que mis rodillas sangraran, y el fantasma me dijo…. Te lo dije… Te creerán loco!!!.
Dependo de mi dependencia, mi dependencia tiene nombre, nunca me falló, pero su mano si lo hizo.
El día tiene noche, tiene día, pero también tiene tarde, y es el momento que recuerda que va a anochecer, el problema es que no sabía en que momento estaba, ahora lo sé, son las 20:17…. Es de noche!!! Noche larga…
Sigo con el mal sabor, con la bala en un corazón que ya estaba curado, lo había curado una inocencia infinita, una belleza inalcanzable, que se volvió mundana.
Tuve las armas, me las dieron, tuve el escudo, me lo dieron… pensé que la guerra había terminado, me sentí protegido, ahora lo sé, solo quería tenerme frente a frente y eliminarme de forma que una vez lo merecí. Tarde o temprano tenía que llegar!!!
Estoy destrozado, eliminado en batalla, pero no he muerto y debo seguir, aunque me miran con ojos oblicuos, el peso de esas miradas es más pesado que el mismo mundo.
Parece mentira, pero la sola esperanza y el mismo amor real, me engañan y me dicen que siga, que la inocencia está al otro lado del río.
Dependo de mi complemento para mi existencia, y ahora se que existe dentro de mí. Nada existe en estado puro ni en absoluta quietud, se trasforma contínuamente.
Es muy confuso, cada idea vista de frente, puede ser vista como su contraria si nos movemos un paso a la derecha o a la izquierda. O sea, la categorización solo lo es por conveniencia.
La conocí de día, categoricé a conveniencia y a contraria opinión ajena, me despedí al atardecer, y es de noche, cuando más la necesito.
El ying, cuando apareciste, lo tornaste en absoluto yang, de nuevo te vas, y me dejas de nuevo ying.
Vienes y te vas, juegas conmigo, por que mejor no me matas o vienes de verdad a acompañarme. Te sigo necesitando.
Toco el piso, es duro, toco la pared, también es dura, el cielo, el cielo… no sé no lo alcanzo, estoy encerrado, solo me queda una opción, apuntar al cielo y buscar la salida, algo me dice que si allí apunto, daré en el blanco. Sigo adelante solo como antes.
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